Mejor que un Cuento de Hadas: El Camino a la Libertad

Autor: Chamalú

Fuente: Escuela de Felicidad (para más cuentos transformadores te invito a que sigas mi proyecto con Chamalú en el que semanalmente compartimos cuentos transformadores)

Ella vivió en un país contemporáneo; el hecho ocurrió a fin de año, al norte de la ciudad. Su nombre no importa, eran las once de la mañana, esa noche no pudo dormir, entonces, por primera vez en la vida, en un acto inédito de valor, permitió que la rebeldía, acumulada durante años, se convirtiera en zozobra, en crisis, en oportunidad.

Hace años había muerto, descansaba en paz en la perpetua rutina, nunca supo decir NO, fue entrenada, como todas para la sumisión y la obediencia, no había una sola célula viva, en ninguno de sus cuerpos, era inevitablemente normal, su nombre no importa, podría llamarse de una u otra manera y la historia sería la misma.

Ese día a las once de la mañana, el silencio empujó a todas las palabras y permaneció sentado, en la antesala del presente, en el justo lugar donde nacen los impulsos; sonó el teléfono, insistió el silencio, su respuesta sin palabras decía tantas cosas.

Observó con atención, esa serpenteante ansiedad, trepar desde sus pies, cansados del círculo vicioso de una vida sin sentido. Ella presentía que la vida era algo más que esa insoportable normalidad, donde ya nada le asombraba.

Su edad tampoco importa, tenía todas las edades; vio crecer a su hijo y marchitar sus sueños, respondió a los golpes de la vida poniendo la otra mejilla, gradualmente olvidó la magia de los atardeceres y los placeres que almacena el cuerpo libre de miedos, el armario de su habitación permanecía lleno de nostalgia, recuerdos de un futuro siempre por venir, su biografía era breve: ella desconocía la vida.

Había asumido las obligaciones sociales con naturalidad, su voz interior oportunamente había sido acallada, sus deseos mas íntimos, escondidos bajo la alfombra de la buena educación y para tranquilizar su consciencia se decía con frecuencia que sus amigas estaban igual o peor.

Esa mañana a las once, una voz interior comenzó a objetar su vida, sembrando la duda, entonces sus células comenzaron a respirar. Respiró profundo, sintió estupor, una decisión comenzó a gestarse en su corazón, tenía ganas de gritar, de salir corriendo, de abarcar todo lo alto y lo ancho de la vida, una vez más decidió guardar esa intensión que gradualmente se apoderaba de todo su cuerpo.

Ella era una mujer de mediana edad; como todas, había quemado sus mejores sueños y como prueba de amor , se había cortado las alas, atando a continuación su libertad, a la seguridad conyugal. Cuando era joven, le atraían tantas cosas, ahora apenas hilvanaba recuerdos de lo que nunca se atrevió hacer.

Vivía acompañada pero estaba sola, su único hijo adolescente no quería saber nada de ella, su esposo garantizaba esa soledad que tenía formato de aislamiento, el abundante maquillaje ya no era suficiente para esconder su insatisfacción existencial, le mortificaba el paso del tiempo, las huellas que dejaba en su rostro.

Cuando era joven, amaba el canto y volaba con la danza, estaba dispuesta a comerse el mundo y planeaba viajar por todas partes. No me referiré al episodio que modificó su vida, al fugaz enamoramiento, al embarazo accidental que dobló su destino, al rudimentario método de resolver el aparente conflicto: un matrimonio precipitado para cuidar las apariencias.

Ellos no se conocían, ella no conocía las curvas de la vida ni aun había desenfundado la maravillosa capacidad de asombro que convierte a la vida en una aventura, ella aceptó ese día, parada frente a su destino, lanzar por la ventana de esa incómoda coyuntura , a todos sus sueños y anhelos y dormir desde esa noche con la resignación.

Ninguna de las formas elegidas por una vida convencional, llegó a satisfacerla, esa mañana, a las once, estaba a punto de………………tomar la decisión definitiva.

https://www.instagram.com/luana.morr/Su casa era amplia, cabía en ese espacio, abundante aburrimiento, ninguna esperanza, el tedio, obeso y desconsiderado, se paseaba con su aspecto estrafalario. La casa se fue llenando de cosas, su corazón permaneció vacío; había papeles firmados, rebeldías clausuradas, temores cuidadosamente organizados por orden de impacto y la opinión pública mirando desde todas partes.

Ella vivía en una opresiva comodidad, nunca se perdonó haber llegado a esa situación, tenía todo pero por dentro estaba vacía. Un día, le atrajo un libro que hablaba de la vida, una conferencia que aludía a la necesidad de decir No, a lo que no tiene sentido, fue entonces que su represión comenzó a fisurarse y por las iniciales grietas, comenzó a germinar su rebeldía.

Ese día, a las once de la mañana, se encontraba frente a una encrucijada; recordó rápidamente toda su vida, constató un alarmante déficit de asombro, de aventura, de pasión, de éxtasis, miró la hora, vio su edad, sus arrugas ramificándose en su rostro, contempló la puerta de reojo, una lágrima se independizó del ojo, atravesó con decisión sus últimos temores y comprendiendo que el tiempo no espera, puso de pie su voluntad, convocó de urgencia al atrevimiento, pronunció una mala palabra contra la opinión pública, tomó en sus manos por ambos extremos a la rutina y sin desviar la mirada la partió en dos. A continuación tomo la decisión.

Los hechos siguientes se sucedieron con vertiginosa velocidad, los vecinos ese día por la tarde escucharon gritos, portazos y antes de la noche, ella fue vista saliendo de casa con una mochila en la espalda. Una vecina afirma haberla encontrado en el parque, mirando las estrellas, como quien encuentra algo que hace años buscaba sin saberlo. “Nunca la vi tan feliz”, complementó la vecina, con la incomodidad de quien se da cuenta, que una inédita duda, también a ella, le observaba pensativa.

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